jueves, febrero 09, 2006

La vista desde mi ventana...

... a las 5 de la tarde, un día como hoy, hace que la vida en Inglaterra tenga sentido. La luz ambarina cae sobre los árboles, las pinzas de la ropa se mecen delicadamente, un momento para quedarse mirándolo, perdidamente,...









viernes, febrero 03, 2006

Las transformaciones físicas seducen a la Academia


Rachel Weisz y Ralph Fiennes, el gran ausente en las postulaciones de este año

La actriz más glamourosa de Hollywood desafía a su belleza al colocarse una prótesis en la nariz y dejar que el maquillaje arruine la perfección de sus facciones. Otra engorda visiblemente, altera la delicadeza de su piel y pasa de diva dorada a monstruosa prostituta. Deliberadamente, un artista pierde todos los kilos que son necesarios para llegar a la demacración absoluta; encarna a un homosexual enfermo de sida.
Ciego, gay, retardado, alcohólico, mentalmente vulnerable, en orden cronológico y por citar solo unos pocos ejemplos. ¿Qué tienen en común? Que todos ellos, con prestaciones memorables la mayoría, se han llevado un Oscar por su trabajo interpretativo.
Como bien condensa un estudio de Filmsite, en el rubro actoral, es tendencia de la Academia premiar biografías de individuos notables, personajes históricos, defensores de la ley y enfermos mentales. Ayuda sobremanera si el personaje muere trágicamente y también si es algo genio o excéntrico y, en el rubro femenino, si es alcohólica o adicta a las drogas. Los cambios físicos pesan mucho, en suma, y así, para ganarse un Oscar ayudan mucho el maquillador y el entrenador personal.
Meses atrás, en el Festival de documentales de Sheffield, el realizador francés radicado en California, Jean-Pierre Gorin, decía que a través de su cine buscaba algo así como disparar desde un núcleo que le era próximo una infinidad de preguntas que quedarían sin resolver. Todo lo contrario al método sintético, al ‘procedimiento Moore’, o a la corriente de documentales de tipo informe, de la talla de The Corporation o Enron: The Smartest Guys in the Room (candidata al Oscar), donde una veintena de entrevistados explican lo que tenemos que saber para que al final entendamos todo de lo que al principio no teníamos ni idea.
Aunque a priori esto de las transformaciones físicas de los actores y la postura de Gorin sobre el documental no tienen mayor relación, ambos asuntos, como dos fusibles, han hecho contacto en mi mente para que se prenda una luz llamada Ralph Fiennes.
Bien dijo Rachel Weisz, al aceptar el Globo de Oro, sobre su compañero de reparto en The Constant Gardener del brasileño Fernando Meirelles: “uno no podría pedir un actor más comprometido y mágico”.
Fiennes interpreta a Justin Quayle, un delicado diplomático inglés sacudido por el remordimiento y los rumores de la infidelidad de su difunta esposa.
Como Gorin en sus filmes, el método de Fiennes va desde adentro hacia fuera, como si toda la fuerza interna que el actor le inyecta a su personaje provocase una explosión de sensaciones que emergen a la pantalla y que emocionan por su enorme sutileza, sin necesidad de un cambio de apariencia radical para sustentar la credibilidad, transformación y evolución del personaje.
Sin negar las cualidades de los cinco nominados a actor principal, hay un nombre que se le olvidó a la Academia.

*Una versión reducida estará disponible en el diario HOY

Ámsterdam celebra al cine de lo real



El domingo por la mañana, luego de ocho días en Ámsterdam y ya de vuelta en casa, reviso la lista de ganadores del IDFA. La casa de mi abuela, del español Adán Aliaga, se ha llevado el premio Joris Ivens al mejor largometraje documental y yo, ya sin poder hacer nada lejos de Holanda, siento un chuchaqui enorme por habérmela perdido.
Suele ser así en los festivales de cine, sobre todo en aquellos como este, donde la oferta es enorme y uno elige lo que ver un poco a ciegas, guiado acaso por una sinopsis que puede decir mucho del tema pero no siempre sobre la calidad de la película.
El IDFA es además un festival de estrenos (en las secciones competitivas por lo menos) sobre los cuales todavía es poco lo que se ha dicho. Por lo tanto, cuando se puede escoger entre alrededor de 10 filmes que se proyectan simultáneamente, un comentario negativo o una opinión algo fría, son suficiente motivo para cambiar de programa.
Están también los grandes nombres, aquellos imperdibles a quien uno va a ver traigan lo que traigan y que este año serían Depardon, Herzog y Kossakovsky (en este último reconozco su genio absoluto además de la cordura en el conjunto de su propuesta fílmica, pero debo admitir que simplemente entre sus documentales y yo -al menos en los que he visto- no llega a producirse aquella conexión tan necesaria en el cine).
En todo caso, una de las mayores satisfacciones del IDFA ha sido descubrir a la inglesa Kim Longinotto, veterana del cine de lo real (aunque todavía muy joven), cuya filmografía de carácter feminista ha sido reconocida alrededor del mundo y cuyo documental Sisters in Law -premiado en Cannes y presentado fuera de competencia en el IDFA- abrió el festival y se llevó muy merecidamente el Premio de la audiencia.
Otro de los puntos fuertes del IDFA fue la retrospectiva integral dedicada a Raymond Depardon, “el más grande realizador del mundo” en palabras de Ally Derks, directora del IDFA. El cineasta francés presentó su última película Profils Paysans : Le Quotidien y ofreció una clase magistral en la que compartió experiencias puntuales sobre el rodaje de sus filmes, su metodología y su visión del cine. Con la máxima de “liberar la visión”, Depardon afirmó que en estas alturas de su carrera vive “en el espíritu de filmar poco y mostrar todo”.
Sin embargo, no todo fue programación de primera en el IDFA. En las mesas del De Balie, el café y punto de reunión de los invitados del festival, se escuchaban reproches a la selección de este año. Un ejemplo es el filme venezolano El viejo y Jesús: profetas de rebelión, largometraje que aspiraba al premio Joris Ivens. Empezando por su título, el documental deja sentada ya su aproximación hipermilitante al tema. Y aunque no estoy en contra de esto, al contrario, su poca calidad me incomodó lo suficiente como para pensar que la fiebre antiimperialista y la novelería chavista de ciertos grupos de intelectuales de Europa debieron haber sido motivos suficientes para incluirlo en la competición, dejando a un lado la búsqueda de cualidades cinematográficas, casi inexistentes en esta película llena de buenas intenciones.

MIS FAVORITAS




Si la elección hubiera estado a mi cargo, el Joris Ivens habría sido para La persona De Leo N., del italiano Alberto Vendemmiati (descontando el hecho de que no vi los 21 documentales que competían por el premio mayor).
La persona De Leo N. es la historia de un transexual, Nicole De Leo, quien toma la decisión de cambiarse de sexo, en una operación subsidiada por la salud pública italiana.
Entre tantas razones para enamorarme de esta película y por qué no de su bellísima protagonista, creo que resalta toda la magia que se desprende de la forma cómo Vendemmiati decide abordar el tema: la iluminación, la representación de los excesos venecianos, las máscaras, la compaginación que se establece entre la obra de teatro en la que actúa Nicole y su propia operación, y luego el dolor, la soledad, los cuartos blancos del hospital, la relación truncada con la madre. Un documental con rostro de ficción, en el que uno se olvida por completo de que hay un dispositivo fílmico de por medio y la realidad fluye sin necesidad de que el realizador la devele deliberadamente.
Sisters in Law, la cinta más querida por el público del IDFA, pone sus ojos en varios casos de violencia, sobre los que toman acciones un grupo de juezas y procuradoras de una pequeña corte de justicia en Camerún. Filmado con muchísima inteligencia, sensibilidad y respeto por sus personajes, el documental condensa una amplia gama de emociones y a pesar de las injusticias y atrocidades que presenta, revitaliza al espectador y lo baña de optimismo.
Odessa… Odessa!, de Michale Boganim, y El Inmortal, de Mercedes Moncada, son otras joyas de la programación. Se trata de dos filmes realizados en 35 mm., en los que se siente, por sobre todo, a dos realizadoras jóvenes que al hacer documental piensan cinematográficamente.
Por su parte China Blue y Apaga y vámonos son un claro ejemplo de filmes militantes bien logrados, dos películas sumamente importantes por su contenido y con un discurso fílmico coherente. Con temáticas y estilos totalmente distintos entre sí, The Pipeline Next Door, 5 Days y 51 Birch Street son otros títulos para tener en cuenta.


* Esta nota también fue publicada en la Arte en Movimiento

Bin-Jip, la película del año

Escribí este artículo en Jerusalén, en septiembre -¡todavía hacía mucho calor!- para la edición de Octubre de la revista Arte en Movimiento. Hablo de una de mis películas favoritas del año pasado.


En septiembre, el Festival de San Sebastián otorgó el Gran Premio FIPRESCI a la Mejor Película del Año a Bin-Jip, del realizador surcoreano Kim Ki-duk, autor de The Isle; Spring, Summer, Fall, Winter... and Spring, y Samaritan Girl, entre otros filmes. Tal resultado se dio luego de que 300 miembros de la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica la escogieran como el mejor largometraje estrenado entre agosto de 2004 y julio de 2005.
Bin-Jip ha sido distribuida internacionalmente con su título anglosajón 3-Iron (Hierro 3) y, entre otros premios, fue galardonada con el León de Plata al Mejor Director del Festival de Venecia del 2004.
Como afirman en San Sebastián, el Gran Premio FIPRESCI fue “creado con la intención de apoyar al cine más arriesgado, original y personal” y, en efecto, luego de 95 minutos de una experiencia cinematográfica sublime, queda claro que a Bin-Jip estos tres adjetivos le calzan de sobra.
Dice la 'trivia' de imdb que Kim Ki-duk escribió el guión en un mes, que la película fue filmada en 16 días y que el montaje tomó tan solo 10. Si estos datos fueran correctos, no queda más que aplaudir tal economía de tiempo, la misma que se repite en la narración, en la actuación, en los 'diálogos' y en el montaje de esta joya sencilla, pero con todos los quilates de rigor.
Sobre la génesis del proyecto, cuenta Ki-duk: “Estaba quitando un folleto que estaba pegado en la cerradura de la puerta de mi casa cuando de pronto se me ocurrió que todas las casas que tenían esa publicidad intacta durante varios días debían de estar vacías. La imagen de una casa vacía en la que no entra nadie me llevó a la historia de una persona muy solitaria, aislada de los demás, y decidí hacer una película acerca de un hombre que entra en ella y colma ese vacío con calidez.”
Tae-suk es un joven callado y solitario que ocupa momentáneamente viviendas cuyos propietarios están de viaje, pero que en vez de abusar de la hospitalidad de los ausentes, aprovecha la ocasión para lavar su ropa, cuidar las plantas y dejar las cosas en orden para su regreso. Un día, por error, llega a una casa que no estaba del todo vacía. Es el hogar de Seon-Hwa, una bella mujer maltratada por su marido, a la que cuidará como si fuese un ángel enviado para eximirla.
Siempre será posible contar otra historia de amor y esta vez el cineasta lo hace de una manera más romántica, misteriosa y extraña, con bien tramados toques de humor y de violencia en complemento. Nuevamente, Ki-duk fija su mirada en la soledad, el dolor, el proceso en que se construye la confianza entre los seres humanos y que concluye con la redención de sus personajes, ejes temáticos de su filmografía que también resaltaban en la extraordinaria Spring, Summer, Fall, Winter... and Spring.
Pero Ki-duk no está solo, pues Corea del Sur vive un gran momento cinematográfico. Oldboy y la trilogía de la venganza de Park Chan-wook, Memories of Murder (Joon-ho Bong) o A Tale of Two Sisters (Ji-woon Kim) son solo un pequeño ejemplo de una producción efervescente que gran favor le haría a las carteleras ecuatorianas.