sábado, junio 17, 2006

Imágenes de la semana

Un post en imágenes, hasta tener tiempo de escribir:


El Muziekgebouw en Amsterdam, un edificio impresionante...



Ecuador-Costa Rica en Bonn, con Mary, mi hermana del alma, a quien siempre me hace bien encontrar



No pensé que había tantos ecuatorianos en Bonn, pero sí los hubo y salieron a festejar el 3-0



Mi papá y Beethoven ("el maestro de los maestros")


Lunes 12 de junio

Meadowfield, Durham, Newcastle


Empezamos el día ya tarde, con un delicioso desayuno. Al mediodía salimos a Durham, para que mi papi conozca la ciudad. Supongo que le gustó. Es una ciudad pequeñita, agradable. A mi me gusta sobre todo caminar bordeando el río, también el mercado y la tienda de tés y cafés Whittards of Chelsea. Mi papá experimentó la ‘comida de pub’, un empastado inglés, un montón de Coca-Colas. Ya no veré a Nina e Ivan porque él continuará su trabajo en Boston. Quisimos verles pero resulta que Iván está enfermo.
Al fin de la tarde volvimos a casa. Más fútbol. Empaqué la maleta para los próximos dos meses que estaré fuera de casa.
El lunes lo pasamos en Newcastle. Es una linda ciudad. Fuimos a The Sage, una imponente sala de conciertos diseñada por Sir Norman Foster. A mí me parece un hipopótamo o una ballena, y no lo digo peyorativamente porque una ballena plateada en el río Tyne siempre resulta atractiva. A mi papá le encantó el edificio, hasta le emocionó, diría. Creo que los dos nos conectamos especialmente por medio de la arquitectura.


‘All you can eat’ en el Chinatown, de compras de la camiseta oficial inglesa para mi ñaño, al aeropuerto. En la estación nos despedimos de mi chiquito. Realmente tengo mucha suerte de contar con él. Misha es un hombre íntegro y una razón importantísima de vivir mi vida.
Fuimos en metro al aeropuerto de Newcastle. El vuelo a Ámsterdam saldría retrasado. Hasta ahora ninguno de los vuelos que ha tomado mi papi ha salido a tiempo.
Llamé a Nina para despedirme. Resulta que Iván tiene varicela. Espero que Misha no se haya contagiado. Yo ya la tuve cuando niña.
Llegamos a Ámsterdam y una hora más tarde al Hotel Wilhelmina. Nos han dado un cuarto en el tercer piso y para subir solo hay las típicas gradas enanitas de las casas holandesas. El cuarto es bastante pequeño, acogedor en todo caso.
Casi ha medianoche salimos en busca de comida. Lo único es un Shawarma y para mi un ‘Kaas Brot’ o sánduche de queso. El dueño del restaurante es un egipcio súper conversón. Me recuerda a la hospitalidad de los jordanos en mi viaje a Petra. Siempre me hace bien volver, de cualquier manera, al Medio Oriente.
Tiempo de dormir y comienza la función. Además del calor, mi papi ronca y es imposible detenerlo. Intento con algodones en la orejas, tapándome con la almohada, lo odio, me enfurezco, pero igual él no se da cuenta. A las 7 de la mañana me meto en el baño. Me armo una camita con la cobija de colchón, me tapo con la sábana. Al fin duermo algo. A las 8 mi papá me golpea asustado. “¿Qué haces horas en el baño?” “No, no me hizo mal la comida. Solo quiero dormir un poco…” Media hora más tarde suena el despertador.

Sábado, 10 de junio

Londres, Meadowfield
 
A las 06h00 de la mañana Misha me dejó en la estación. Salí hacia Londres para retirar a mi papi del aeropuerto. Estaba muy emocionada. Día de reparaciones en la ruta. Llegar a Heathrow fue especialmente complicado. Fue el día más caliente del año hasta ese momento (30°C).
En el tren terminé de leer Mi querido Mijael, de Amos Oz. Con esta termino la quinta novela de Oz en menos de un año y pronto empezaré otras nuevas. A veces me siento como Jana Gonen…
Y bueno, ya en el aeropuerto, mi papá salió finalmente de su vuelo demorado de Alitalia. ¡Cuánta alegría! Para llegar a casa pasamos por Paddington (la estación del osito que se iba a Perú), Kings Cross, donde tomamos el tren, Darlingon y Durham. A mi papá le sorprendieron mucho los campos ingleses. Es cierto, son de un verde que llena de vida…
Misha había preparado un delicioso borsh (típica sopa de su tierra con remolacha, col, papas, carne de res, servida con una nuez de crema de leche y pan). El borsh de Misha es hasta mejor que el de mi suegra. Me fascina.
Por primera vez uno de mis padres conoce mi casa. Luego de llevar años de estar de acá para allá, es muy importante para mí que esto haya finalmente ocurrido.

Viernes, 9 de junio


Meadowfield, Durham
De alguna manera fue el día en que comenzó este viaje y, por ende, las vacaciones. En realidad no me moví más de 3 millas (algo así como 5 km., creo) que es lo que toma ir de casa al Departamento de Matemáticas en Durham, donde vimos la inauguración del Mundial con Misha, Farid, Dirk, Nina, Iván y algunos otros científicos menos entusiastas. Sin embargo, por la ilusión, la ansiedad y el ambiente festivo, considero al 9 también como la inauguración oficial del verano 2006.
Durante la mañana limpié la casa como nunca antes lo había hecho. Es que, lo que no he dicho hasta ahora, es que al día siguiente, o sea el sábado, mi papi llegaría a Londres. Sería su primer viaje a Europa, un viaje anheladísimo por cierto, y yo quería que nuestra casa brillase, hasta en los puntos que él no vería. Es impresionante toda la mugre que puede acumularse detrás de la refrigeradora o de la cocina.
A las 14h00 me preparé para ir a Durham. La camiseta de la Tri, un par de jeans, zapatos azul eléctrico con rayas amarillas… Diez minutos de bus me llevaron a la estación y allí, mis impulsos compulsivos, a ‘Help the aged’, la charity (o tienda de cosas usadas cuyas ganancias van a obras de beneficencia), donde me compré unos zapatos que el día anterior me habían seducido, que están casi nuevos y preciosos y me costaron solo 4 libras.
El clima estaba delicioso, así que decidí caminar bordeando al río. Veinte minutos de expectativa: se inauguraba el Mundial, llegaba mi papi, jugaba Ecuador...
La ceremonia de apertura no fue muy especial, o tal vez lo fue… Es que en Inglaterra prefirieron hablar de Rooney, de su recuperación, sus posibilidades, y apenas dejaron ver al Rey Pelé y a Claudia Schiffer (con un vestido más bien feo) desfilando con la copa.
Y bueno, Alemania jugó bien. Costa Rica lo mismo y sobre todo ese Wanchope. Me dio la impresión de que tienen un gran arquero, además. En realidad, quería que gane Alemania, porque nos conviene. También porque desde pequeña Alemania ha sido el equipo al que le he ido en los mundiales. En todo caso, el primer partido no me pareció lo suficientemente emocionante.
Acabado el encuentro fuimos a casa con los amigos. Pasamos por el supermercado para comprar pizza, cerveza y cidra, y allí me dijo un padre con su niño: “Nos preguntamos de dónde viene tu camiseta”. Después del 2-0 seguro que ya no se lo preguntan.
Canté el himno junto a nuestra tele LCD. Bellísima señal, mayor campo de visibilidad por el formato apaisado. La camiseta amarilla de los jugadores brillaba tanto como la mía. Oír el himno nacional lejos de casa, y en tales condiciones, emociona mucho.
Ecuador tuvo fans muy entregados de Argelia, Alemania, Rusia y Bulgaria. Y yo grité como nunca. Casi perdí la voz hasta el día siguiente.
Nina me preguntó porque ninguno de los futbolistas se parecía a mí. Le expliqué entonces que en el Ecuador hay una zona ‘negra’ y que la mayoría de futbolistas que valen la pena han nacido en esas tierras. Gente humilde que ha salido adelante por si sola, como lo destacaba el diario italiano La Gazetta dello Sport al día siguiente, que le procura al país una alegría tan grande, mientras que el país seguramente no les ha dado nada.
Tenorio, el Tin y mi preferido, Ulises. Una tarde de euforia…