lunes, junio 23, 2008

Nacido Sin

Sobre una de mis películas favoritas de los EDOC



Nacido Sin es una de las películas más inquietantes de la programación de los 7EDOC. Sin ambages, cero paternalismo y con mucha dignidad de por medio, la realizadora noruega Eva Norvind cuenta la historia de José Flores, un músico popular mexicano nacido sin piernas ni brazos, quien a pesar de su condición congénita ha sacado adelante a sus 7 hijos, ha protagonizado varias películas (La Montaña Sagrada, de Jodorowsky, entre ellas) y ha logrado mantener una relación de pareja muy profunda, tanto en lo público como en la intimidad, con su esposa Graciela.
Debe ser que Eva Norvind, cuya vida fue tan intensa como la película misma (fue fotógrafa, terapeuta sexual, dominatriz y actriz del cine mexicano) era amiga de José y lo vio siempre de igual a igual. Debe ser también que ella era una artista y una mujer de vanguardia que se atrevió a hacer una película muy poco convencional que ignora lo obvio y habla con mucha pertinencia sobre el amor de pareja, la discapacidad y la vida en México cuando no se es privilegiado.

jueves, junio 12, 2008

Cartografías familiares

Sobre la sección GENEALOGÍAS de los 7EDOC y sobre el cine documental que me gusta. Artículo publicado en EL OTRO CINE





La (re)construcción del mapa familiar y por ende, de la cartografía del yo, es una tarea cada vez más común dentro del cine. Sin ser del todo nueva ―David Perlov, Ross Mc Elwee, Alan Berliner, Naomi Kawase― han explorado ya estos territorios desde los ochentas hacia acá, la muy hablada revolución digital ha facilitado enormemente la realización de este tipo de filmes. Y aunque la escritura del yo siga siendo un espacio restringido en el documental, cadenas como ARTE, Channel 4, PBS, entre otras, han invertido en su producción. Asimismo, para el espectador es cada vez menos anodino pagar una entrada al cine para participar en el viaje del realizador en búsqueda de sus raíces.
Dentro de esta línea se inscriben cinco de las seis películas que integran la sección ‘Genealogías: identidad y memoria’. Podría considerarse una excepción el documental Trazando Aleida, de Christiane Burkhard, pues sin una implicación explícitamente personal por parte de la directora, aunque quedan por descubrir las motivaciones que la llevaron a filmar este caso, acompaña a Aleida Gallangos en la búsqueda de su hermano mayor de quien fue separada durante los años setentas cuando la guerra sucia en México vivía su apogeo.
Los demás largometrajes son el relato en pri-mera persona de la reconciliación del realizador con su identidad desconocida e incluso, escamoteada. En Must Read After My Death, Mogan Dews reescribe de forma brillante la propia biografía familiar luego de destapar la caja de Pandora: cientos de películas caseras, 50 horas de grabaciones de audio y 300 páginas manuscritas que le dejó su abuela con la condición de que los leyera después de su muerte y que contradicen aquella imagen soñada de la pareja feliz en los Estados Unidos de los años sesenta.
El cineasta alemán Igor Heitzmann emprende en A Father’s Music una travesía con el objetivo de llegar a conocer realmente a su padre, el famoso director de orquesta Otmar Suitner con quien tuvo una relación muy fragmentada, y nos entrega un filme que es a la vez el retrato de un músico, la historia de una familia y la “crónica de una despedida entre un padre y su hijo”, en las propias palabras del realizador.
En Campo Santo, por su parte, la belga Sonia Pastecchia descubre a través de la historia de los otros (inmigrantes que habitan ahora el pueblo italiano que sus padres dejaron en búsqueda de un futuro mejor) la historia propia. En la transposición del yo, la cineasta encuentra la forma más sutil de ponerse frente al espejo.
Mientras tanto, en Los laberintos de la memoria, la cineasta Guita Schyfter (costarricense, radicada en México e hija de judíos ashkenazis que emigraron de la Europa del Este escapando del Holocausto) establece un paralelismo entre su propio viaje por descubrir sus orígenes y el de una mujer maya que fue adoptada por una cubana y ahora vive en La Habana, desde donde retorna a Chiapas para confrontarse con su verdadero origen biológico. Finalmente Andrés Di Tella, uno de los más interesantes documentalistas argentinos, abre su archivo personal en Fotografías, al buscar sus raíces indias a través de la figura de su madre, una mujer que se reveló contra su entorno al casarse con un extranjero y hacer su vida muy lejos de su país natal, la India.
“A medida que intento desvelar los misterios del destino de mi madre, en una serie de encuentros con personajes sorprendentes, las vueltas inesperadas del camino revelan algo más: el descubrimiento de mi propia identidad oculta”, afirma Di Tella, aunque sus palabras, matizadas, bien podrían atribuirse a los demás realizadores citados en este texto.

lunes, junio 09, 2008

STRANDED: La historia íntima de la catástrofe de los Andes

Sobre la película favorita del público en los Encuentros del Otro Cine:



La historia, de una u otra manera, la hemos oído todos. El 12 de octubre de 1972, un avión de la Fuerza Aérea Uruguaya que se dirigía a Santiago cayó en los Andes chilenos. En él, entre otros pasajeros, viajaban los chicos del Old Christians, un equipo de rugby amateur de un barrio montevideano de clase alta.
Durante 10 días las tareas de búsqueda que emprendieron Argentina, Chile y Uruguay resultaron inútiles. Nadie albergaba esperanzas de que alguno de los 45 pasajeros hubiera sobrevivido al accidente.

No obstante, en las montañas había vida y fueron necesarias 10 semanas para que los sobrevivientes puedan salir de allí —con la piel pegada a los huesos—y estremecer al mundo al confesar que, para seguir viviendo, se alimentaron de los cuerpos de sus propios amigos.

Dice Arijón sobre su película que “asumir este reto fue posible gracias al tiempo transcurrido desde el accidente (35 años) y a nuestra amistad, que habilitó un pacto de absoluta confianza entre todos.”
Es que, en efecto, Stranded (Vengo de un avión que cayó en las montañas) es producto del saber esperar. Por primera vez, todos los supervivientes, 16, hablaron de frente a la cámara. Roberto Canessa, Carlitos Paéz, Fernando Parrado … ¡Qué testimonios…! Mucho más que el recuento de la historia son una reflexión profunda y conmovedora sobre los días que pasaban, las provisiones que se acababan, la inventiva que surgía, los amigos que se iban muriendo, las decisiones que debían tomar, las tripas pegadas del hambre hasta que llegó el momento de clímax: aquello que fue explotado por los medios como canibalismo y que esta película destaca como un acto íntimo a la vez que colectivo, una comunión. ¿Y qué es la comunión para los cristianos sino recibir la carne y la sangre de Jesús en aceptación de la vida?
He de reconocer que cuando supe que el filme tenía reconstrucciones, tuve mis dudas. Pero la fotografía de César Charlone (Ciudad de Dios, El Jardinero Fiel), las actuaciones de los propios hijos de los sobrevivientes, el diseño sonoro y la dirección de arte —todos sugiriendo sensaciones más que buscando realismo— borraron cualquier titubeo. Son los silencios que el espectador necesita para ir asimilando, no solo la cronología, sino más bien la huella que este evento dejó en 16 hombres, en sus familias, en la vida del arriero chileno que, una mañana de diciembre, visualizó a lo lejos a dos jovencitos en inanición que más bien parecían fantasmas.
Stranded es, para mí, un triunfo. Y aunque poco me gusta eso de resumir a un filme con un epíteto, este le cabe. Un triunfo porque es humano, respetuoso, porque dignifica a sus personajes y a las decisiones que tomaron y porque siendo un filme que evoluciona en clave de suspenso —en el que son evidentes los recursos y la magnitud de la producción— no deja de sentirse nunca como un relato sumamente íntimo. Y un triunfo, claro esta, porque a pesar de todo ganó la vida.

Más información:

www.strandedthefilm.com

www.viven.com.uy